• Psicoterapeuta Tere Minutti

La cosquillita de la adolescencia


¡Estamos en la época más calurosa del año! Siempre he disfrutado del brillante verano. En mi familia hay muchos cumpleaños, incluyendo el mío. Y pensando en eso me hizo recordar los veranos de mi adolescencia. Allá donde había emociones tan intensas que a veces sentía que no me cabían en el cuerpo.


Cuando entramos a esa parte de la vida llamada adolescencia, todo empieza a cambiar; el cuerpo, los amigos, las actividades, los gustos y ¡zas! de repente comenzamos a descubrir que nos sentimos atraídos por alguna personita especial.


Empieza a ser muy evidente que no puedes dejar de pensar en esa persona. Es inevitable ponerse nervioso cuando le vemos pasar y a nuestros ojos es la persona más guapa del mundo. Nos imaginamos cómo se sentirá estar más cerca, un beso ¡uff! ¿Cómo se sentirá eso? Queremos conversar más a menudo con él o ella, las canciones parecieran hablar de toda esa explosión de emociones y tenemos una revolución interna. ¿Qué tal? ¿Ya te empezaste a acordar de esos momentos de cosquillita?


Como es la primera vez que estamos experimentando esas emociones así de explosivas y además estamos encontrando sensaciones nuevas en nuestro cuerpo, frecuentemente nos sentimos rebasados y confundidos. En esos momentos de tu vida, estás encontrando un lado nuevo que no conocías de ti. Un lado al que le llama la atención lo romántico, lo erótico; la sexualidad, que como muchos otros aspectos de nosotros mismos, vamos descubriendo a medida que nos desarrollamos.


Estos cambios son normales

Es cierto que en las clases de biología nos enseñan sobre los cambios fisiológicos que irán sucediendo en nuestro cuerpo. Nos hablan de órganos y células que intervienen en la reproducción y nos mencionan los métodos anticonceptivos. Sin embargo, pocas veces (o nunca) nos hablan sobre la parte afectiva y emocional que involucra nuestro nuevo cuerpo y estos nuevos matices de la sexualidad que nos dan curiosidad.


Y es que no sólo es que tu cuerpo esté cambiando, sino todo lo raro que se siente estar cambiando. De repente te ves en el espejo y sientes que estás creciendo disparejo o empiezas a hacer comparaciones con los amigos como: que si a no sé quien ya le salió bigote y a ti nada más no; que si tu mejor amiga ya está desarrollando sus pechos y tú crees que te cayó una maldición encima porque no hay ni rastro. Así, vas conociendo tu nuevo cuerpo, vas encontrando lo que disfrutas y lo que no te late.


También estás descubriendo una manera diferente de relacionarte con otras personas de tu edad. Vas experimentando la cercanía física con otros, hay días en los que te avientas a hacer cualquier cosa y días en los que te sientes menos audaz. Tal vez vas haciendo descubrimientos sobre tu orientación sexual.


Notas que quien te acelera el corazón es una amiga del mismo sexo. En caso de que nadie te lo haya contado, esto es un descubrimiento, ya seas heterosexual, homosexual o bisexual. Es algo de lo que te vas dando cuenta y a veces toma un tiempo considerable encontrar el camino para tenerlo claro. Y es posible que una bomba de dudas te estén asaltando con cada tema nuevo que vas encontrando.


Sexualidad no es solo sexo

La cuestión es que muchas veces terminamos medio resolviendo nuestras dudas en los lugares inadecuados. Hablar de sexualidad no se trata solamente de relaciones sexuales, cómo protegerte de los embarazos y las infecciones de transmisión sexual. Es muchísimo más amplio. Se trata por ejemplo de cómo cuidas tu cuerpo en aspectos de higiene, respeto, afecto y placer.

También se trata de conocer tus emociones, de cómo tomas decisiones importantes, de descubrir cómo eres capaz de compartir tu afecto, de revisar qué valores son importantes para ti, de cómo explotas tu creatividad para llamar la atención de esa persona que te mueve el tapete y qué pasa si no encuentras la respuesta que esperabas. Se trata también de aceptarte y amarte tal cual eres. Se trata de muchas más cosas más, no solo hablar de genitales.


En la consulta me encuentro que los adolescentes con su gran curiosidad por la vida, están atentos a aprender todo lo que puedan de todos los lugares que puedan. Y muchas veces somos los adultos quienes andamos cargando con nuestros prejuicios y limitantes, que desde luego no ayudan a generar mejores aprendizajes.


Permítete darle una miradita diferente a tu sexualidad, no importa tu edad. Date permiso para cuestionarte y responderte tus dudas. Acércate a un especialista, busca información validada en fuentes confiables, platícalo con alguien de confianza. Permítete darte un espacio de reconocimiento a tu cuerpo, tócalo, míralo, huélelo, escúchalo, saboréalo. Hazle un espacio a tus emociones; cántalas, báilalas, dibújalas, para ver qué dice eso de ti. Todos deberíamos poder acceder a una sexualidad libre, placentera, saludable y responsable. Es el trabajo de cada uno, procurarnos esto para tener una vida equilibrada y feliz.

Tere Minutti, psicoterapeuta humanista.

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