Todo empezó cuando me diagnosticaron cáncer a los 22 años.

 

Entre radioterapias y crioterapias, intenté los tratamientos convencionales en los que yo, como ingeniera química, confiaba. 

 

Año y medio después comprobé que esto sólo me intoxicó y no funcionó.

Los doctores me dijeron que no había nada más por hacer. “Arregla tus cosas, te quedan 6 meses”.

No había cumplido ni 24 años.

 

Vivía enojada y ésa era mi manera de relacionarme con el mundo. No acepté que la vida hubiera sido eso para mí. No había vivido una alegría profunda, un gran amor, una realidad diferente, una tranquilidad verdadera.  Fue entonces cuando mi papá me dijo: “Es el turno de las terapias alternativas”. 

Así llegué a un centro naturópata lleno de doctores naturistas, psicólogos, sanadores con manos, herbolarios, homeópatas. 

 

“¿De verdad quieres curarte?”, me preguntaron y me entregaron una larga lista de lo que no podía comer y lo que no podía untarme: productos procesados, enlatados, embutidos, con trietanolamina, propilenglicol... vaya, todo lo que termina en “amina” es cancerígeno.

 

¿Cómo podía estar segura de que lo que comería y me untaría en el cuerpo no contenía nada de esto? Haciéndolo yo misma. Y fue entonces que decidí preparar mi propia mantequilla corporal y mi jabón. Preparaba todo, desde los aceites.

 

No necesitaba ponerme nada más. De ahí surgió la idea, aunque sin saber, de lo que hoy es Devitare.

Simultáneamente empecé con terapia psicológica y meditación. Esto me permitió relacionarme con la vida de una manera muy distinta. La cambió completamente.

 

Dejé de pensar en los 6 meses que me quedaban y, cuando me di cuenta, ya habían pasado 8. Me dije “algo estoy haciendo bien, los doctores están haciendo algo bien, voy a seguir”.

 

A mi mamá le gustaba mucho mi mantequilla corporal y empezó a pedirme que preparara más para regalar a sus amigas. Obsequió varias cremas, lociones y jabones. Sus amigas mostraron mucho interés y empezaron a preguntar si podía venderles mis productos. 

 

“Vane, eso que haces para ti, seguro hay gente que también lo busca”, me dijo Jair, quien es mi esposo ahora. “¿Por qué no sacarlo en grande y empezar a hacer algo?, porque hay gente que también busca productos 100 % naturales”.

 

Pensé que afuera había más personas como yo que se están dando cuenta que los tóxicos no sirven para nada. “Creo que sí podemos hacerlo”, me dije, y fue así como surgió nuestro primer nombre: ‘Yi’xya’.  

A los dos años entramos a una incubadora de negocios. Para entonces teníamos muy pocos productos, como 15 o 20. Hoy tenemos más de cien.

 

Después de ir a la incubadora, y año y medio después de empezar las terapias alternativas, me curé completamente. Entonces se me abrieron los ojos.  Yo creí que el mundo era ciencia y químicos, pero comprobé que lo natural, lo de siempre, lo que los abuelos usaban, funcionaba sin dañar. Así me enfoqué en continuar creando productos sanos.

 

Yi’xya se convirtió en Devitare. Jair y yo aprendimos a entender la mercadotecnia, a hacer números. Y empezamos a crecer.

 

Este proyecto, resultado de mi experiencia, nos ha permitido demostrarnos que, lo que sea que decidas, lograrlo está en ti.

 

No necesitas creer en paradigmas.  Nadie tiene la última palabra, salvo tú. De uno depende dar hasta el último segundo.

 

 

 

I.Q. Vanessa Fernández

Fundadora y directora general de Devitare

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